Suturas y segundas intenciones llega a su fin. Un meditado final. No me voy (porque tampoco tengo adonde), tan sólo dejo de escribir y publicar entradas, y seguirá siendo el instrumento por el que llegar a quienes os leo y en todos los casos me aportáis tanto y tan bueno.
Gracias a quienes habéis permanecido, vosotros y vuestros, siempre bienvenidos, comentarios habeís sido el alma de este espacio.
Este ha sido el segundo blog. Dicen que no hay dos sin tres. Hasta otra, hasta siempre.
Carmen López, El patio.
suturas y segundas intenciones
domingo, 10 de julio de 2011
jueves, 7 de julio de 2011
Un rato sensible
Hoy estás sensible,
yo también estoy sensible.
Aprovechemos nuestro rato sensible
para decirnos cosas sensibles.
Empiezo yo.
Te echo de menos en mi vida, cada día.
Nunca has estado, o eso creía,
ahora siento (ya sabes, estoy sensible)
que has estado siempre.
Apareces sin proponértelo en el nombre de una ciudad,
en una salsa oriental,
en una canción de los Beatles,
entre las páginas de un libro,
en el diario de Tolstói.
No te me quitas de las ganas, que diría Silvio,
y me gusta lo que piensas y dices, que canta Battiato…
en italiano suena mucho mejor,
escúchalo en tu cabeza,
repítelo entre tus labios:
perché mi piace ciò che pensi e che dici… Mi piace.
Pero da igual la lengua en la que hablemos
cuando se habla de lo que te estoy hablando.
Hoy estás sensible,
yo también estoy sensible.
Aprovecho este rato sensible.
El mundo se rompe bajo mis pies,
amigo mío, sin que yo pueda evitarlo.
Los ideales son tinta indeleble en un papel arrugado
en las papeleras de las plazas de mayo,
la vida viaja en obuses de uranio,
la justicia cabalga en un corcel desbocado,
la libertad está presa en una cárcel de oro llamada democracia.
Los derechos no saben de deberes
y los deberes son cosa de párvulos.
Pero no sabes cómo me reconforta saber que existes.
Saber que estás me sobra para la esperanza,
para creer en hoy y en el mañana que tu crees,
porque todo se vuelve más amable con tu mirada,
todo cobra su sentido sabiendo que estás.
Y estás, es suficiente con sentirte como un espíritu.
Ahora ya lo sabes, aunque creo habértelo dicho
en otro momento sensible.
Hoy estás sensible,
yo también estoy sensible.
Aprovecha ahora tu rato sensible
y di antes de que pase.
....................
Esta es mi primera canción, ahora solo falta ponerle música. A ver que tal mi futuro como compositora (advertidos estáis sobre derechos de autor).
yo también estoy sensible.
Aprovechemos nuestro rato sensible
para decirnos cosas sensibles.
Empiezo yo.
Te echo de menos en mi vida, cada día.
Nunca has estado, o eso creía,
ahora siento (ya sabes, estoy sensible)
que has estado siempre.
Apareces sin proponértelo en el nombre de una ciudad,
en una salsa oriental,
en una canción de los Beatles,
entre las páginas de un libro,
en el diario de Tolstói.
No te me quitas de las ganas, que diría Silvio,
y me gusta lo que piensas y dices, que canta Battiato…
en italiano suena mucho mejor,
escúchalo en tu cabeza,
repítelo entre tus labios:
perché mi piace ciò che pensi e che dici… Mi piace.
Pero da igual la lengua en la que hablemos
cuando se habla de lo que te estoy hablando.
Hoy estás sensible,
yo también estoy sensible.
Aprovecho este rato sensible.
El mundo se rompe bajo mis pies,
amigo mío, sin que yo pueda evitarlo.
Los ideales son tinta indeleble en un papel arrugado
en las papeleras de las plazas de mayo,
la vida viaja en obuses de uranio,
la justicia cabalga en un corcel desbocado,
la libertad está presa en una cárcel de oro llamada democracia.
Los derechos no saben de deberes
y los deberes son cosa de párvulos.
Pero no sabes cómo me reconforta saber que existes.
Saber que estás me sobra para la esperanza,
para creer en hoy y en el mañana que tu crees,
porque todo se vuelve más amable con tu mirada,
todo cobra su sentido sabiendo que estás.
Y estás, es suficiente con sentirte como un espíritu.
Ahora ya lo sabes, aunque creo habértelo dicho
en otro momento sensible.
Hoy estás sensible,
yo también estoy sensible.
Aprovecha ahora tu rato sensible
y di antes de que pase.
....................
Esta es mi primera canción, ahora solo falta ponerle música. A ver que tal mi futuro como compositora (advertidos estáis sobre derechos de autor).
lunes, 20 de junio de 2011
Un hombre bueno
Los hombres buenos no necesitan grandilocuencias para ser definidos. Tampoco necesitan publicidad. Su manera de estar en el mundo habla por sí sola, pero a veces es necesario señalarlos para que se sepa dónde están, qué hacen, por qué lo hacen.
Conocí a Alejandro Fernández Barrajón cuando yo era una niña y él un adolescente, ambos de humildes familias de un pueblo perdido de la Mancha, en aquel tiempo no muy lejano en el que era difícil completar el ciclo de la EBG e ir más allá de las eras era una lejana realidad si el fin no estaba en correr tras una pelota desinflada. Para la mayoría, un sueño imposible. Corrían finales de los setenta, en puertas estaban aquellos ochenta en los que, como dice Muñoz Molina, "de la noche a la mañana nos hicimos modernos y amnésicos y el gobierno nos decía que España estaba de moda en el mundo, y Tierno Galván -¡Tierno Galván!- empezó la demagogia del político campechano y majete proclamando en las fiestas de San Isidro de Madrid aquello de “¡ El que no esté colocao que se coloque, y al loro!"", aunque todo aquello nos pasaba de largo, porque para nuestras generaciones colocarse significaba tomar sitio o corregir una mala postura. Pero ya por entonces, Alejandro prometía. Su fama de niño inteligente y carismático era conocida. De aquel primer encuentro, en el que fui presentada por uno de sus hermanos pequeños como una compañera de escuela, recuerdo una voz cálida, su sonrisa y sus vivarachos ojos chispeantes, rasgos que lo siguen acompañando hoy y que el tiempo no ha conseguido enturbiar.
Pasaron los años y Alejandro era conocido en su (nuestro) pueblo natal por ser un joven religioso mercedario que a muy temprana edad encontró el reconocimiento de todos. Un joven luchador, entregado y cuyo carisma había trascendido. Volvimos a coincidir, ya no como la compañera de escuela de su hermano pequeño sino como la hermana de una mujer, religiosa como él, que comulgaba con su manera de ver el mundo y la vida que habían abrazado. Para ambos, dos personas jóvenes que habían consagrado su vida a la vocación religiosa, la necesidad de modernización, de una nueva evangelización a la medida del hombre de hoy y a través de los instrumentos de hoy y la necesidad del consenso y el respeto mutuo entre quienes creen y no creen eran las bases fundamentales de su esfuerzo y su dedicación.
Alguna mañana de domingo de más de un verano hemos tomado una cerveza hablando de esto y de aquello, admirándome de esa paz que transmiten los hombres justos. Los justos no necesitan gritar para decir sus verdades, y las verdades no necesitan argumentarse cuando es evidente la coherencia. Alejandro es una verdad en sí mismo y su manera de vivir la verdad, la Fe y su concepto de la caridad, le confiere ese halo de hombre de bien.
Hay líderes que solo saben levantar polvo, pero hay hombres que arrastran a otros hombres tan solo con su ejemplo. Alejandro empezó a ser un ejemplo para muchos que como él habían sentido la llamada, la necesidad de vivir la vida desde la Fe, la difícil tarea de Creer en este recio mundo de incrédulos, o de crédulos de otro tipo de ideologías reñidas con cualquier fe en minúscula. Mejor no creer en nada, así nos ahorramos el compromiso. A Alejandro no le han faltado detractores dentro de su propia comunidad, pero no le ha temblado la voz contra esas jerarquías obsoletas que no dudan en aferrarse al poder, que mantienen ciertos oscurantismos y que pretenden imponerse olvidándose de su compromiso con la sociedad. No ha dudado en defender a los homosexuales del ataque de su institución, no ha retrocedido ante afirmaciones con respecto a las leyes del aborto o del uso de la píldora poscoital. Ante todo, Alejandro ha defendido la vida, pero ante todo también la libertad y la decisión de la mayoría. "No hay que imponerse, hay que dialogar". Viviendo en sus propias carnes una particular caza de brujas por parte de algunos superiores y jerarquías ajenas a las órdenes religiosas, Alejandro trabajó en sus años de presidente de la CONFER bajo la máxima de san Agustín: "En lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad".
Hace dos años abandonó su puesto, tal vez presiones, tal vez tocaba ya dejar paso a otras generaciones... Alejandro hoy vive una situación más difícil, un pulso con la vida. Intervenido hace unos día de un tumor cerebral, no puedo evitar acordarme de su vitalidad, de su manera de encontrar felicidad en las pequeñas cosas, de no dar nada por perdido, de su lucha por conciliar y consensuar, del respeto por la libertad y la opinión de todos, en definitiva, de su entrega y su amor a la vida, ésa que ahora parece estar en juego. Es por eso que hoy he sentido la necesidad de brindarle un homenaje, como si supiera que desde aquí se aúnan las fuerzas necesarias y el ánimo que necesita para salir, como ese presentimiento que a veces nos asalta y que nos convence de que no estamos solos, de que alguien en alguna parte nos desea la mejor de las suertes, el cálido abrazo de sabernos queridos en la distancia por quien ni siquiera imaginamos que piensa en nosotros... Pues sí, desde que supe de la noticia no he dejado de pensar en Barrajón, ese hombre bueno, vaya desde aquí mi abrazo y mis mejores deseos.
viernes, 17 de junio de 2011
viernes, 10 de junio de 2011
Un día raro
Hay días extraños, a todos nos pasa de vez en cuando, y no lo digo porque amanecía con Jota revolcándose en una cama de hotel con una tipa que no conozco de nada. No es que los haya sorprendido in fraganti, no, qué va, ha llegado con ella, de la mano, y con toda la naturalidad del mundo han empezado a besarse delante de mis narices, para ir pasando a otros pormenores que no estaba dispuesta ni a presenciar ni a consentir. Me disponía a hacer o decir algo cuando he despertado. Soñar (más bien tener pesadillas) con la infidelidad de tu pareja debe de significar algo. Lo he achacado a mi comida de ayer, fue ligera porque en esta época ando desganada, pero resultó pantagruélica con respecto a lo que allí se debatía: una interventora de ayuntamiento y un alcalde hablando de acuerdos de legislaturas en unas localidades y en otras, tejemanejes políticos, acuerdos con dudoso fin, traiciones... "Brutus, ¿tú también, hijo mío?" (to quoque Brute fili mi!, que diría nuestro Antonio Martín Ortiz), pensaba para mis adentros mientras oía, comía y callaba. Inconscientemente debí de establecer un paralelismo entre esas traiciones y el asco que siento últimamente ante tanto tufillo a corrupción, desvergüenza e ineptitud que nos gobierna y que está generando tanta incertidumbre, desconfianza e infelicidad entre unos y otros, que después (colegiría Freud) no tuvo más remedio que aflorar entre sueños, disfrazándose en forma de traición personal... qué sé yo, así me siento, traicionada en mis ideales y en mis esperanzas. No obstante, de las tres grandes humillaciones que ha sufrido el ser humano reseñadas por Freud, me atrae la idea de no poder controlar nuestra propia mente, ese descontrol, en ocasiones, es artífice de enormes placeres.
Ese desánimo (tristeza) que me acompaña últimamente, se ha visto especialmente acentuado al terminar 'El cuaderno rojo', anoche concluía sus cinco o seis últimas páginas... Me da igual lo que se opine de Auster, su manera de contarlo "me gusta". Su azarosa vida es una realidad, su vida de guión de película y coincidencias con otras vidas en el tiempo, plasmada en un pequeño libro de menos de cien páginas, ha escarbado en mi azarosa vida (azarosa de azares o casualidades, no de aventurera ni arriesgada) resucitando fantasmas. Todas las vidas son un cúmulo de casualidades, pero sólo quien está atento a ellas es capaz de asociarlas y de cerrar círculos, de darle un sentido, o un lógico sinsentido, el riguroso orden del caos, tan imprescindible para ir interpretando la vida. Estaré unos días rumiándolo, como suele suceder.
Además, he sufrido un ataque de claustrofobia, también esta mañana, después de tomar café con Jota y contarle su infidelidad, de la que se ha reído a mandíbula batiente, que dicen ahora los jóvenes y transcriben así : )))))
Los hombres disfrutan con esas historias, sobre todo si son ellos los protagonistas.
Ha sido al salir del almacén de farmacia, en el sótano de las oficinas donde trabaja Jota. Hacía años que no me sucedía, la última vez fue en unas vacaciones en Palma de Mallorca, había recorrido unos cuantos metros adentrándome en las cuevas del Drach, cuando el corazón empezó a latir tan deprisa que se me salía por la garganta, me faltaba la respiración y las paredes se me venían encima. Tuve que salir de allí... Numerito. El eco de mis tacones resonaba, me perseguía por los pasillos desiertos y de luz tenebrosa, las paredes sucias, los techos un entresijo de tuberías de mayor y menor grosor, el olor a humedad y enseres de sótano, destartalados y cubiertos de polvo, sempiternamente abandonados. He querido echar a correr cuando alguien salía del ascensor con un carrito con paquetería, seguramente para el almacén, así es que he frenado el impulso y me he hecho la valiente soportando la acelerada taquicardia y el sudor de manos... Alcanzar la calle ha sido mi salvación. He convenido que hay trabajos cuyo adaptación a su medio y cuyo entorno necesitan de una fortaleza psicológica especial, pero eso daría para otro post o para un manifiesto que presentar por parte de los Indignados del 15M ante el Ministerio de Trabajo.
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