viernes 29 de abril de 2011

Diario: Día uno, 29 de abril de 2011

Hoy no me ha despertado el despertador. Soy de las que no se  acostumbran a que las despierte una canción de móvil (de hecho no tengo más música que las de los CD de mi coche y la que de vez en cuando suena en la cabeza, ya saben, esa cancioncilla con la que algunas veces nos levantamos por las mañanas, una no sabe bien a cuento de qué... La vida es música), pero hoy ha sido su insistente llamada la que me ha puesto alerta. Era mi compañero de trabajo, llevaba cinco minutos esperando abajo. Me he dormido, y como cada vez que la inconsciencia golpea el despertador y se da media vuelta para seguir durmiendo, luego lo pagan la responsabilidad y las prisas, que saltan de la cama de un bote y con dolor de cabeza para el resto del día. Lo explicaron hace un par de semanas en la radio: nuestro mal humor al despertarnos, o el optimismo de ir cantando bajo la lluvia, dependen de si la hora que señala el despertador coincide con la fase REM o no REM de nuestro sueño. Creo que era interrumpir la fase REM lo que te hacía despertar de un humor de perros.  Confieso que tengo buen dormir y algún que otro mal despertar.

El cielo amanece con una base de gris perla y pinceladas de nubarrones por el oeste. Amenaza  lluvia. La mañana se presenta tranquila, y no sé si agradecérselo a la boda Real, como estos días hubo que agradecérselo al clásico Madrid-Barça, garantía de inusitada tranquilidad en las horas de guardia. El pueblo consume sus opios con un estusiamos que puede calificarse de felicidad... Después, vuelta a la rutina y a percatarse de que un pinzamiento del ciático no le deja a uno ni dar paso, pero eso, mientras Letizia Ortiz pasea del bracete de su príncipe por la alfombra roja de la abadía de Westminster, es lo de menos. Crónica de sociedad.

Un nuevo compañero (sólo por hoy) entra a saludarme... Charlamos diez minutos. Le observo mientras se aleja y concluyo que los hombres de treinta años de hoy en día parecen niños, eternos peterpanes exiliados de Nunca Jamás: sus andares son desgarbados, se ríen como adolescentes, visten sin estilo y actúan como pipiolos. Con treinta años mi padre ya era padre de tres hijos... Me siento vieja, o tal vez nos tocó crecer demasiado deprisa.

Anoche dediqué un par de horas a mi novela. Se me va el tiempo poniendo y quitando comas, y recordé a Wilde, del que se dice que le pasaba algo parecido, una mañana entera decidiendo si quitar una coma y por la tarde volvía a ponerla. Creo que no es un buen método este de releer cada vez que quieres continuar escribiendo. He decidido que escribiré de un tirón, y solo cuando la considere concluida pensaré en las comas y en otras puertas giratorias del pensamiento, como denominó Cortázar a ese trazo minúsculo que cambia el significado de las frases y de los sentimientos. "La coma, esa puerta giratoria del pensamiento".
Esa fue la razón de acostarme tarde, la misma por la que me he quedado dormida esta mañana, la causante de mi dolor de cabeza de hoy (no ha llegado a humor de perros, sólo a impaciencia), que ya no es dolor, sino una concentración de presión, una niebla densa o ese cielo de polvo del desierto de algunos días de verano dentro de mi cabeza.
Afuera llueve, como era de esperar. Esta noche seguiré escribiendo.

5 comentarios:

Patricia Vera dijo...

No recuerdo cuál era el escritor que cada día se reescribía lo del día anterior y continuaba escribiendo; al día siguiente reescribía esa parte y continuaba. Yo, en cambio, siempre he escrito (cuando escribía) de un tirón, en el mismo orden en el que quiera que salga en la novela o en el relato, y sólo después he corregido. En el día a día, no me da tiempo a mirar mucho las comas y filosofar en torno a ellas, así que las pongo bien desde el principio y ya sólo corrijo las erróneas.

Mario Moliner dijo...

29 de abril DE 2011, y no DEL, recuerde.

Buenos días,
Mario

El patio dijo...

Buenos y muy madrugadores días en su caso, don Mario, que yo acabo de caerme de la cama como quien dice.
Procedo a corregir. Gracias.

Tenga usted un feliz sábado.

Galleguiño dijo...

Siento estas ausencias que ultimamente me privan del placer de leerte, pero llego a tiempo de esta estupenda entrada. Tiene buena pinta este diario, si tu novela se parece creo que será interesante. La constancia es garantía de éxito. Ánimo.

A tus pies, como siempre que ya lo echaba de menos ejeje.

El patio dijo...

Las puertas de este patio permanecen siempre de par en par, Galleguiño.

Gracias por los ánimos, en ello andamos, y saludos.