jueves 5 de mayo de 2011

Diario: Día 2, 5 de mayo de 2011

CLM avisa esta mañana, telefónicamente, de que expiran los seguros de vida. Camino de la sucursal de la calle La Mata, la más cercana al primer barrio donde residí tras casarme y que ahora me pilla a menos de diez minutos a pie (la lejanía en una ciudad como ésta es cuestión de pereza, no de distancia), me he forjado una americanada de sesión de tarde en la cabeza: he imaginado a Jota manipulando los frenos del coche para que todo pareciese un accidente. Después a mí echando unas gotas de cianuro en su botella de agua que siempre está en el ángulo inferior interno de la puerta del frigorífico, de la que sólo él bebe (a morro) con el ansia de quien no parece calmar la sed. En fin, si el gobierno nos retrasa la jubilación, los seguros de vida y de pensiones pueden hacer el incierto futuro y una estimada larga vejez más llevaderos, no hay que ser egoístas después de muertos, aunque joda que ya en el hoyo, tu viudo pueda decir lo que aquel que confesaba, cabizbajo y negando con la cabeza, y con barbilla temblorosa, que la muerte de su mujer, de cuarenta y pocos, le había dejado hecho polvo, "pero hecho polvo...". Casi se me saltaban las lágrimas y un nudo en la garganta me impedían articular palabra para consolarlo, cuando añadió: "¿... A ver cómo tiro yo ahora solo de una hipoteca?". Tres meses después se paseaba del bracete con una rubia de bote por la terraza de El Bastón... Ay, el amor. O la vida, que nos empuja a seguir, sin digerir ausencias.

Gestionado el asunto bancario, he regresado por la calle Sancho Panza. Allí estaba nuestro apartamento, nuestra primera vivienda en común: piso de mármol, puertas de roble, techos con acabado de escayola, ventanas dobles... pero 45 metros asfixiantes situados justo sobre el techo del Piru, uno de los bares con un público  infantojuvenil y que a partir de los jueves convertían esa calle en un macrobotellón, con rugidos de motos incluidos. El amanecer del lunes solía ser un vómito en la puerta, o dos, y los plásticos pisoteados de los minis (esos recipientes en boga, y de dudosa asepsia, que les da por compartir de boca en boca en estas macrocitas) a lo largo de las aceras. Gracias, señores encargados de la limpieza de nuestras calles, por la ingrata tarea de tener que quitar la mierda que deliberadamente otros vierten. Civilización.
He podido comprobar que ya no están solos, ahora hay un karaoke que se llama Buda, un pub que se llama Copas Principito, un establecimiento especializado en comidas y salsas colombianas (eso pone en su rótulo encima de la puerta), sito en el mismo lugar donde hace 16 años se  hacían paellas al horno (exquisitas y a buen precio, previo encargo) y pollos asados, entre otras muchas cosas de nuestra gastronomía, listo todo para llevar. También hay una floristería. Me gustan las tiendas de flores, son una anacronía, un amable arrealismo. En la esquina con calle Mata sigue habiendo una sucursal bancaria, ahora de Guipuzcoa San Sebastian... me pregunto qué hace aquí, en La Mancha. Intereses nunca faltan. 

Dejo a mi espalda la plaza del Pilar sin haber entrado en ella, y justo al doblar la esquina de la peatonal Alarcos, me topo con Morote Esquivel... He estado a punto de pararme y decirle que era yo: "Yo soy quien te dedicó una entrada en un blog tan exitoso e importante como tus libros, pero no sabemos hacerlo de otra manera, o sí, quién sabe". He temido un gesto de desprecio por confesar que no me gusta su literatura. Pero Esquivel es el triste de nuestras calles, aunque sus obras no le hagan merecedor de una ciudad, como Unamuno fue a Salamanca, o Delibes a Valladolid. Qué dura e ingrata es la vida de escritor.

Hoy es 5 de mayo... Voy a calentar las lentejas.

6 comentarios:

Galleguiño dijo...

Lo de los macrobotellones dura ya demasiado. En mi época nos lo montábamos mejor.

A tus pies, otra vez.

El patio dijo...

Gracias por el par... Sí, en la mía, que creo que es más o menos la tuya, no nos pilló esto del botellón, no nos hubiésemos escapado de babear en esos horribles recipientes de plasticucho si no. Unos afortunados ; )

Un saludo.

Mario Moliner dijo...

Las fechas, 13 de febrero, 5 de mayo, siempre con numero. Me va mal el teclado, no puedo poner tildes. Espero que se arregle solo.

Buenos dias,
Mario

el náuGrafo dijo...

Amable cronica manchega. Coño, tampoco me van las tildes. Alarcos, dire q yo vivi al final de esa calle, frente al parque Gasset. Me gusta leer sobre calles ciudadrealeñas, al final las llegue a conocer casi todas.

Mi favorita, un pasaje q va desde una iglesia, no se si Merced, q hay estatua de Nazareno, y conecta, creo, con el museo, ¨¿de la mercerd?

Ya me lo aclarara. bon dia

El patio dijo...

Está visto, don Mario, no doy pie con bola. Pongo bien todas las fechas, el texto raya la perfección y meto la gamba en la última frase... En fin, procedo a corregir.


Sí, efectivamente, buena memoria estimado náuGrafo, el pasaje de la Merced es ese pequeño trecho que comunica la calle Caballeros con la calle Toledo, recorriendo en su corto tramo plaza de la Merced, museo de La Merced e iglesia de La Merced, complejo pertenicente todo él al antiguo convento de La Merced.
Saludos y buen fin de semana para ambos.

Gorka dijo...

Demasiada cultura pa mí.

Me quedo con esta frase: "Hoy es 5 de mayo... Voy a calentar las lentejas."

Kaproveche ;)

Saludics Car!!