Mayo es un mes de muerte y resurrección. Mayo me recuerda a Machado, a su ánima reflejada en los Campos de Castilla. Mayo viste de rojo a esta Castilla que en un tiempo se la llamó la Nueva y que hoy se une a La Mancha, de escabrosos montes y vastas llanuras en donde la vista no alcanza el horizonte. La riqueza cromática de verdes se acentúa en mayo: el verde agua de las siembras, el verde abrupto de los espinos, el verde austero de las jaras y de las encinas, el verde amarillento de las florecillas silvestres. Mayo es luz que comienza a ser interminable, y más color: cunetas invadidas por el violáceo de la lavanda y montes moteados del blanco algodonado de la jara cual inmensos algodonales precipitándose por las laderas, o escalando monte arriba. Espesuras que el ojo humano no logra escrutar. Es un impacto visual fugaz, hasta que el insidioso sol reseque las flores y convierta los tallos verdes en dorados quebradizos, en lenguas de fuego a las tres de la tarde.
La primavera en todo su esplendor es un mayo soleado, de patios encalados y frondosos geranios engalanando rincones y paredes. Así era el de mi abuela materna, un patio inmenso que regaba cuando el sol declinaba su calor pero aún regalaba un par de horas de su luz. Años después, aquellas paredes desconchadas y despojadas de sus macetas eran la imagen del abandono y la desolación. Volver sobre los escenarios de nuestra infancia suscita un indescriptible sentimiento de dolor, de nostalgia, de un hondo y momentáneo vacío... Un crepitar de hojas secas mientras caminamos por los senderos del recuerdo.
El 2 de Mayo de hace poco más de un siglo, Madrid libraba su batalla. Hoy, dos de mayo de un año cualquiera, no hay más batalla que librar que la particular, la inevitable con la vida. Algunos son soldados derrotados antes de haber emprendido la lucha, sin más cicatrices que la desidia... Una barba de tres días.
Mayo guarda secretos de paraísos perdidos, el eco lejano de risas de niños, el dolor de una madre, el inquebrantable silencio de una tibia tarde, muda... Mayo fue un mes de muerte, pero año tras año me devuelve el color de la vida.
Interrumpí esta entrada tras el primer párrafo y fui en busca de una muestra del color de mayo. Aquí os lo dejo.
Ya saben, pinchen en la imagen y pulsen f11.
3 comentarios:
Qué bonitas!!! De fondo de escritorio perfectas.
Ahora me dirás que son tuyas...
(si son tuyas, chapeau!!!)
qué guapas!!
Me pillas elaborando una entrada gastronómica, que hacía tiempo que las tenía un poco olvidadas.
Sí, Pat, son mías!!! dejé el post empezado, recordé que a poco menos de dos kilómetros, por la salida de CR hacía Porzuna, hay un camoo inundado de amapolas, y un trigal (o avena, no distingo). Me enfundé el chándal y este es el resultado (jo, lo he dicho en serio). El amor al arte, lo bien que dispara una Canon digital y lo mejor todavía que yo ajusto los colores cuando las descargo ; )
Pásate por el blog de Mis imágenes, enlazado en el margen superior derecho. Ahí suelo colgar las imágenes que recojo aquí y allá.
Saludos.
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