viernes 3 de junio de 2011

Minirrelato austeriano

En el año 1972, dos niños guardaban cola, cogidos de la mano, a la espera del toque de sirena para entrar a la clase de pavulario. Así era la costumbre, más bien norma, implantada por la maestra: en columna de dos, niño y niña, por orden alfabético. La ele  de Luján y la eme de Menor estaban destinadas a ir juntas. Él comenzó a apretar la mano de ella con fuerza, hasta clavarle sus uñas de niño pordiosero mientras repetía en voz baja: ¡Fea, eres fea y pecosa! ¡Fea y pecosa, fea y pecosa, fea y pecosa...! Ella escondió su cabeza bajo los hombros, se ruborizó y no dejó que la congoja hiciese aflorar las lágrimas.

Años más tarde, en 1997, volvieron a encontrarse guardando cola, ni que el destino les tuviese reservados exclusivamente para ellos esa manera de compartir vidas como son las colas en la ventanilla de una sucursal bancaria, en establecimientos varios o en el WC de un garito de copas de mala muerte cuando el alcohol comienza a ejercer su urgencia miccional. Ella se disponía a guardarse las vueltas de su compra en el bolsillo trasero de su pantalón vaquero, entonces se volvió hacía él: ¡Y tú un calvo de mierda! Y se alejó de allí dando saltitos como una colegiala de cinco años ante la mirada atónita de la cajera y un par de señoras, la desaprobación de un matrimonio anciano: ¡Hoy en día no hay educación ni vergüenza!, el aplauso de dos jóvenes con mirada alienada: ¡Flipante, tío!, y la alzada de hombros del calvo agredido, que no entendía nada, y parecía haberse inmortalizado en un gesto entre la imbecilidad y la incredulidad mientras su mujer le dedicaba una mirada inquisidora y le reclamaba entre dientes: ¿Se puede saber quién es ésa?

..................

"Descubrir el poder del azar es descubrir que somos terriblemente frágiles y vulnerables, que dependemos de la casualidad, que una coincidencia estúpida puede destrozarnos en un segundo. Que una palabra estúpida oída por casualidad también puede fulminarnos. Recordar que las personas son terriblemente frágiles es una obligación moral: Paul Auster dice que es cazador de coincidencias por obligación moral".

Justo Navarro. Prólogo de 'El cuaderno rojo'.

2 comentarios:

Galleguiño dijo...

Muy bueno jejejej

A tus pies, señora mía, te deseo mucha suerte y mucho ánimo en tu empeño con la escritura, cuanto más tarde más nos haces esperar para disfrutar de un interesante relato. No te canses.

El patio dijo...

Gracias ; )